PRENSA

PRESENTACIÓN

En los últimos tres años el debate sobre la conveniencia y la legalidad de las obras que se han llevado a cabo dentro del recinto del castillo de Lorca, ha saltado del ámbito privado a los medios de comunicación. El tema, que tiene que ver directamente con el trato que está recibiendo en Lorca el patrimonio histórico-artístico y arqueológico, dejó de ser una cuestión minoritaria durante el año 2003 por dos razones fundamentales: se estaban decidiendo actuaciones sobre un monumento que es mucho más que un símbolo para Lorca, y esas mismas actuaciones, por la iconografía que han creado, dieron lugar al rechazo categórico de unos y a la adhesión incondicional de otros. Dos posturas enfrentadas y de difícil reconciliación que a estas alturas mantienen abierto y sangrante un conflicto social.

 

En Lorca este tipo de cuestiones no son nuevas. En cuanto al trato dispensado al patrimonio cultural, las noticias de prensa, artículos y bibliografía se remontan muchos años atrás, incluso antes de que fuera declarado conjunto histórico-artístico el casco urbano y su castillo en marzo de 1964. Tampoco la relación de Paradores con la ciudad es novedosa. A mediados de los años 40 del pasado siglo se decidía la creación del establecimiento de Puerto Lumbreras, entonces dentro del término municipal lorquino, y a comienzos de la década de los 70 se hicieron gestiones para ubicar un nuevo parador en las inmediaciones del Palacio de Guevara o en los aledaños del castillo. Más recientemente, desde 1996, la cadena estatal hotelera ya anunciaba que planeaba instalarse en las inmediaciones del castillo. Pero fue en el año 2002 cuando se conocía la decisión de ubicar el Parador de Turismo en el interior de la alcazaba lorquina. El artículo del alcalde Miguel Navarro en el mes de julio era, más que una congratulación por lo conseguido, una justificación en tono ilusionante, un paño caliente para una decisión arriesgada que entonces se dijo contaba con un amplísimo respaldo social.

 

Las crónicas periodísticas han puesto de manifiesto que ese respaldo no era todo lo sólido que se había dicho y que presentaba fisuras. Protestas y críticas se han multiplicado desde muchos sectores sociales, pidiéndose incluso la paralización de las obras y un replanteamiento a fondo del proyecto de dinamización económica y cultural emprendido en el castillo. Y en todo parece atisbarse una falta de transparencia en la información ofrecida: contradicciones graves sobre los hallazgos arqueológicos que se iban o no se iban a conservar, sobre los elementos que se integrarían en el parador o en Lorca Taller del Tiempo, la finalización prematura de las excavaciones arqueológicas, las inexactitudes sobre la elevación definitiva o el volumen del edificio que entorpece y entorpecerá aún más la visión del monumento, modificaciones de proyecto poco claras, la ausencia de informes independientes,... un cúmulo de circunstancias que ha obligado a salir a la palestra a técnicos, a políticos locales y regionales y a altos responsables de Paradores para justificar lo que parece no tener justificación alguna. En ese contexto se han enmarcado las acciones de una parte de la ciudadanía que tienen, hasta ahora, tres momentos significativos: la denuncia de Foro Ciudadano de la Región de Murcia ante la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia, la marcha ciudadana al castillo en protesta por lo que está ocurriendo, y la conversión en Asociación de la Plataforma creada para la defensa del patrimonio de Lorca.

 

El conjunto de noticias supera el centenar y entre ellas hay artículos de opinión que arrojan luz sobre el fondo del malestar creado. Especialmente significativos son los de Ángel Montiel, Miguel Miras, Antonio Parra, José Antonio Gallego o Joaquín García Mondéjar, entre otros. Los señalados, de modo especial, junto con aquellos que ofrecen información de carácter histórico, plantean de modo objetivo las cuestiones más sobresalientes que subyacen en todo el entramado de las notas de prensa, que en muchos casos son cruces de acusaciones, descalificaciones, respuestas forzadas por la situación, o a veces lamentables esfuerzos por minimizar las voces que protestan por el impacto visual que una obra nueva en un monumento declarado como tal desde 1931 y el injustificable expolio que presumiblemente se está cometiendo con un Bien de Interés Cultural en aras de un mal entendido progreso.

 

Pero lo único que realmente importa ahora es que esta recopilación de prensa, leída de modo global, se ajusta a la realidad de lo que está pasando, que es suficientemente significativa como para que se intente ocultar o menospreciar el problema, y que parece no haber otra solución que intentar solucionarlo por la vía más adecuada antes que poner el acento en sinsabores, estigmas y adjetivaciones sobre cuyo poso nadie podrá cimentar un futuro optimista y confiado. Esta recopilación de prensa se hace para ayudar a formar opinión en cualquier sentido. Por eso su difusión se ruega que sea la mayor posible. Todos saldremos ganando.