ESTAMOS A TIEMPO DE SALVAR EL CASTILLO

27 de marzo

 La Verdad 26/03/2007

Estamos a tiempo de salvar el Castillo

 JUAN CARLOS RUIZ SOUZA/

Hace ya varios años que importantes especialistas llamaron la atención en foros nacionales e internacionales acerca del peligro que acechaba a uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Península Ibérica, desde la Edad del Bronce a la Edad Media. Todas las culturas que estuvieron presentes en el Mediterráneo occidental dejaron valiosos testigos en este yacimiento único.

A pesar de la claridad de las leyes y del supuesto tesón teórico de los organismos públicos por preservar y presentar el patrimonio, incluso en parques temáticos de dudoso gusto, asistimos en los albores del siglo XXI al «expolio», así lo define La Ley de Protección del Patrimonio, de un conjunto arqueológico de valor incalculable. Sin duda algo ha fallado, pues lo que parecía imposible se ha consumado.

Hemos asistido a la destrucción de la fisonomía del Castillo de Lorca, seña de identidad indiscutible de la ciudad. Hoy, tras el fracaso de instituciones y políticos, sólo la población comprometida con su pasado podrá preservar la herencia escrita, en páginas doradas e irrepetibles de historia, que incomprensiblemente un desarrollo mal entendido quiere borrar para siempre.

En las Jornadas de Cultura Judeo-Sefardí organizadas en Lorca en marzo de 2006, especialistas y profanos, de España y el extranjero asistimos estupefactos a la exposición de un proyecto de presentación de la excepcional Sinagoga lorquina recientemente aparecida, en un sótano o ataúd tecnológico fuera de su contexto.

Podríamos hablar también del resto del yacimiento, del período ibérico, romano, visigodo o andalusí, que se perderá para siempre, pero tal vez por la espectacularidad de lo aparecido, sea la huella sefardí la que más llame la atención, al constituir el barrio judío y su sinagoga un conjunto único en el marco de toda la Europa occidental.

No soy de Lorca, ni siquiera tengo familiares murcianos, pero créanme que como amante de nuestro patrimonio común me duele en primera persona lo que está sucediendo. Y más en las fechas en las que nos hallamos, cuando hemos asistido a la salvación heróica de yacimientos anegados por las aguas de la ignorancia. Permítanme terminar con algo que sucedió en el siglo XIX en la histórica ciudad cervantina de Alcalá de Henares, hoy reconocida internacionalmente como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Cuando el Decreto de Desamortización de 1836 trasladó la Universidad Complutense, de la que yo soy miembro, desde Alcalá a Madrid, sus edificios fueron vendidos y, tras peligrosas vicisitudes, mediante suscripción popular, los alcalaínos organizados en la Sociedad de Condueños, compraron, preservaron y conservaron para el futuro su histórico patrimonio, destacando el que fuera el Colegio Mayor con su celebérrima fachada, verdadero estandarte de la ciudad.

De no ser por la implicación de tan comprometidos vecinos semejante monumento hubiera sido destruido para construir caminos, como tantos otros monumentos españoles. En 1977, amansadas las atrevidas y violentas aguas de la ignorancia del siglo XIX, fue posible que el edificio tan heroicamente salvado pudiera volver a ser el corazón de la Universidad de Alcalá de Henares que volvía a abrir sus puertas.

No permitan que se hable de Lorca como el ejemplo del expolio y la destrucción del patrimonio en todos los rincones del mundo civilizado. ¿Conserven con orgullo el patrimonio que han heredado! Algún día sus hijos les pedirán explicaciones.



Juan Carlos Ruiz Souza es profesor del Departamento de Historia de la Universidad Complutense de Madrid.