CULTURA Y COMPROMISO PARA TODOS

CULTURA Y COMPROMISO PARA TODOS

Floren Dimas



Hace unos días, cuando salía del Mercadona en dirección a la estación de Sutullena, un señor se dirigió a mí preguntándome directamente si yo era “de los de la defensa del patrimonio”, al responderle que sí, me señaló uno de los antiguos hangares de RENFE actualmente ocupados por las oficinas de la concejalía de servicios sociales, diciendo “Ese edificio es de finales del siglo XIX, todo un emblema de la arquitectura ecléctica y funcional que trajeron las compañías inglesas que construyeron el ferrocarril, y mire cómo esta de mal el tejado, ¡ustedes los del Patrimonio deberían de hacer algo!”.

- ¿Usted es arquitecto ¿verdad? –le pregunté-
Sorprendido, me contestó que sí.

- ¿Es usted de Lorca?, le volví a preguntar. Me contestó afirmativamente.


- Pues me alegro de que haya personas sensibles como usted preocupadas por estas cosas, y porque creo que tiene razón, nadie mejor que un arquitecto para encargarse de hacernos un informe técnico del estado del edificio para que podamos actuar. ¿Contamos con su colaboración?

El espontáneo defensor del patrimonio del siglo XIX se quedó perplejo ante mi propuesta y balbuceando dijo:

- Hombre, yo creo que ustedes se ocupan de estas cosas, pero si lo que quieren es desentenderse, entonces no he dicho nada.

A tan improvisado argumento le respondí sin más zarandajas:

- Lo que aparece claro es que el que escurre el bulto es usted. Es arquitecto, es lorquino, es consciente del galopante deterioro de un bien cultural que hay que restaurar, tiene conocimientos que nos pueden ayudar a tomar cartas en el asunto... y se niega a hacerlo …¡¡y todavía se permite acusarnos de “desentendernos”!!.

Situaciones reales como esta, podría contar muchas, porque los lorquinos no son ni tan incultos, ni tan ciegos como en ocasiones se pretende hacer creer. Los lorquinos son, como el resto de la sociedad española, retraídos en la participación colectiva en asuntos públicos. Nos pasa en política, en las asociaciones de barrio y hasta para tomar parte en las reuniones de las asambleas de propietarios del edificio en que vivimos. Vemos las necesidades, criticamos los desafueros, proponemos soluciones… para que otros las ejecuten. Así somos: apáticos e insolidarios y alguna cosa más que ahora veremos.

Leía en “El País Semanal” último, un estupendo artículo de Javier Cercas titulado “El arte del desprecio”. Hacía mención a ese tipo de personas mediocres, que en su vida han creado nada de lo que pueden realmente sentirse orgullosos, que ante la última obra de un creador de trayectoria admirable, pretenden enaltecer su propia ignorancia diciéndole a Buñuel tras haber obtenido un premio: “He visto tu última película,“algo flojica ¿eh?”

No es la envidia, sino el desprecio de la excelencia, un pecado social muy extendido. Tanto como el de aquellos que tras haber leído 30 páginas del “Quijote” dicen sin ruborizarse: “¡Pues no es para tanto!”.

Eso sucede con los que critican a nuestra Asociación: que intentan exhibir la supremacía de su apatía, de su ignorancia o su doblez, haciendo de ello un mérito, tratando de echar por tierra la labor solidaria, desinteresada y a veces ingrata, de unos ciudadanos que no se resignan a ver, oír y callar, viejo axioma heredado de otras épocas, y sacrifican su tiempo, su esfuerzo y su dinero, en algo que consideran que está amparado por la razón y la justicia.

Quiénes se proponen socavar la credibilidad de la Asociación, tildándola de “manipulada” al servicio de un partido político, o que actúa como una camarilla de desocupados criticones, lo que realmente enmascaran son sus propias carencias. Hacen, en unos casos, como aquel arquitecto de la estación y en otros, como quiénes subidos en la tribuna del poder político y económico,afirman que Defensa del Patrimonio se va a estrellar contra las decisiones pactadas bajo cuerda “por estar avaladas por los informes de los técnicos”. El mismo argumento que estamos hartos de escuchar en boca de personajes que, tras perpetrar auténticos desaguisados, están desfilando estos días por el despacho del Fiscal del TSJ.

La asociación, como bien expresé en el artículo titulado “Nuestro patrimonio: un préstamo del futuro” que el diario LA VERDAD publicó el pasado lunes, no compite ni sustituye a las instituciones públicas en la defensa de los bienes culturales; interviene únicamente cuando éstas pervierten su cometido, poniéndolo al servicio de intereses espurios, como está sucediendo en Lorca en casos como la construcción de un parador en el interior de un BIC (el Castillo de Lorca) que solo debe de ser objeto de actuaciones que tengan por objetivo su rehabilitación y la puesta en valor de su rico yacimiento arqueológico, desde criterios estrictamente científicos, y no dejados al albur de una serie de empresas privadas que actúan al dictado de sus intereses, con la connivencia de algunos dirigentes políticos y de funcionarios y técnicos sometidos a presiones insoportables, que algún día podrían ser llamados a declaran por el Fiscal para dar cuenta des sus informes, así que progrese el contencioso-administrativo que tenemos ya presentado.

Cualquiera que deambule por Lorca es consciente del decrépito estado de construcciones nobles, que en otras ciudades regidas por personas con mayor conciencia cultural, serían objeto de exquisito trato y conservación. Pasamos ante la Casa de las Columnas y comprobamos cómo la “enfermedad de la piedra” corroe tenaz e imparablemente su fachada barroca, sin siquiera estar promovia su declaración de BIC; el palacio del Conde de San Julián, aparece a nuestra vista como un monumento a la desidia y al desprecio por la estética, con una fachada cubierta de usagre amasada durante décadas, con cristaleras sucias, la puerta destrozada y todo el conjunto presidido por el más absoluto de los abandonos, el carrerón que sube de los Juzgados al Pósito y a la cárcel, convertido en selva de hierbajos y en vertedero de basura, la calle Selgas –tramo obligado del circuito del trenecillo de “Lorca taller del tiempo”, se presenta como un nuevo Beirut bombardeado, ruinoso y mugriento; el barrio de Santiago, uno de ls más emblemáticos, que debería haber sido objeto de la mayor atención en su restauración global y armónica, en permanente ayuno de ideas y de programación de las obras; la remodelación de la Plaza de España, un plan guardado bajo siete llaves a la opinión pública, hurtándonos a los ciudadanos de conocer el proyecto para ponernos de bruces ante los hechos consumados. La antigua Plaza de Abastos, que debería haberse convertido en el único espacio diáfano existente en el casco antiguo, con cafeterías y restaurantes donde contemplar una bellísima panorámica del Castillo, estos Atílas de lo público nos lo convierten en un minicentro comercial de bajo perfil… el precioso edificio de La Cámara, único ejemplar del estilo modernista del Siglo XX (1908) cuya fachada rezuma intenciones soterradas de deterioro provocado, como sucede con la Casa de los Irurita, al final de la misma calle, con fines expresamente especuladores para construir en sus solares pisos de lujo, en lugar de recuperar bienes culturales funcionales…

Leo en la prensa que la Asociación de Amigos de la Cultura de Lorca, va a desarrollar en días próximos una conferencia sobre la heráldica de la fachada de la Casa de las Columnas. Me congratulo de que estos paisanos míos se preocupen de este importante aspecto emblemático, y confío en que dediquen minuto y medio de la disertación a denunciar el abandono de que es objeto por parte de su propietario (el Ayuntamiento), tanto de continente (el palacio) como su contenido (el riquísimo ajuar de mobiliario, cuadros, tapices y demás objetos, que claman por su restauración por la vía de urgencia) y que en posteriores conferencias, pongan sobre el tapete su posicionamiento ante las salvajadas que a la vista de todos se vienen cometiendo en nuestra ciudad, precisamente contra lo que es la razón de ser de esa Asociación, un colectivo cualificado demasiado ausente en temas escandalosos que son de dominio público; tal como sucede con la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico, los Colegios de Arquitectos y Aparejadores y otros colectivos y profesionales que tienen en la Cultura un amplio campo de actuaciones, cuyo criterio estamos deseando escuchar.

En fin, no quiera abusar más de la benevolencia de los lectores, terminando aquí un somero recorrido por cuando queda por hacer en Lorca, para no otorgar patente de corso a quiénes solo perciben la cultura como un gasto inútil prescindible, o como un atributo decorativo explotable únicamente en las carísimas Ferias de Turismo, o en los costosísimos folletos editados por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Lorca.

Floren Dimas

 

PUBLICADO EN EL FORO DE LA TARDE DE LORCA:  http://boards4.melodysoft.com/app?ID=LaTarde