El Parador del Castillo de Lorca

4 de junio

(LA FIRMA, Cadena Ser)

Manuel Muñoz Clares

 

Llevo unos días acordándome de lo que decía un alto cargo del Ministerio de Cultura cada vez que hacía viaje de vuelta a su tierra, a Almería, y pasaba junto al castillo de Lorca. Y es que el único deseo de este hombre era que “aquello” no creciese más. Pues miren por dónde, ese deseo se ha visto truncado en las últimas semanas, cuando una estructura de cuatro plantas ha suplantado impunemente a la judería medieval, modificando drásticamente un paisaje histórico que debía de haberse conservado intacto en virtud de las leyes que lo protegen. Hoy somos más los ciudadanos que miramos hacia el castillo asombrados preguntándonos hasta dónde será posible que lleguen nuestros políticos y si seremos capaces los ciudadanos de cumplir aquel mandato, decretado informalmente por la alcaldía, de que nos acostumbremos a la visión del Parador sobre el castillo.

 

Y a pesar de que lo he intentado, han de saber los alcaldes de antes y el de ahora también que no he tenido éxito en el empeño. Ni por la aparte estética ni por ninguna otra. Por la estética porque a casi nadie gusta ya en Lorca la mole que ha aparecido recientemente, un estructura desmesurada que estaba anunciada y que muy pocos creían posible. Es curioso que en la Avenida Europa no se puedan levantar más de cuatro alturas y que, como por encantamiento, en lo alto del castillo se vaya a levantar un hotel de hasta seis plantas. ¿Cómo se puede explicar esto de manera convincente? Pero lo que peor explicación tiene es el maltrato evidente a un Bien de Interés Cultural, como lo es el castillo, a manos de la administración local y regional, y el exquisito cuidado y rigor que sin embargo ponen estas administraciones en que los particulares cumplan a rajatabla no sólo la normativa urbanística, sino también la que salvaguarda el patrimonio histórico. Se puede predicar mucho, pero parece que cuando se trata de dar trigo las tornas cambian ligeramente. Y no es el castillo el único caso. Aún se recuerda en Lorca la desafortunada reforma del edificio del Ayuntamiento o el descuido imperdonable en que se ha sumido al Palacio de Guevara durante decenios.

 

Y he fracasado en mi tentativa de acostumbrarme al Parador porque, más allá del horror visual, tampoco me he acostumbrado a la visión de unos beneficios económicos que se airearon a los cuatro vientos. Trabajo, progreso, economía… Estas y otras palabras se dijeron en relación al Parador y ahora yo quiero darles un repaso. ¿Cuánto trabajo y para quién? Hagan me el favor de preguntar cuántos empleos directos generó en Puerto Lumbreras su parador y les admito que los multipliquen hasta por tres. Esos serán todos los que, con mucha suerte, tendremos en Lorca. ¿Progreso? No he visto a ninguna ciudad progresar sobre la incultura y aquí, en Lorca, el Parador se ha de convertir en símbolo de cualquier otra cosa menos de cultura. ¿Economía? Pregunten ustedes a muchos comerciantes si les ha de favorecer el centro comercial Almenara, y hagan la misma pregunta a los hosteleros con respecto al Parador. Si para vestir a un santo hay que desvestir a otro, pues seguiremos teniendo una sola imagen a quien rezar. Y una última pregunta: ¿cuándo van a venir a Lorca los arquitectos y los arqueólogos que dijeron que traerían para justificar lo que se ha hecho en el castillo? Díganme el día y la hora, porque, visto lo visto, de verdad que me hacen falta argumentos sólidos para no sentir vergüenza.