El Parador PARADÓJICO

2 de Septiembre

TRIBUNA - La Verdad


El Parador paradójico
02.09.08 -

 


ENRIQUE OLCINA JULIÁ
 
Para escribir sobre el Parador en Lorca nos vamos a ir 2.500 kilómetros aproximadamente hacia el este, en Turquía, y a un siglo y poco atrás en el tiempo. En esa época y lugar había una colina que terminaba en una meseta llamada Hissarlik. Un arqueólogo alemán, Schiliemann, viendo que la meseta cuadrangular y llana era de 233 metros de lado, concluyó, siguiendo a Homero y a otras fuentes, que en esa colina, sin aparente valor, se soterraban las ruinas de la Troya homérica. Y efectivamente, había, no una sino diez ciudades estratificadas, desde la sede episcopal bizantina hasta la primera, un asentamiento que databa del año 4.500 antes de Cristo Troya pasaba así del mito a la realidad. Aparte de clarificar lo que realmente escondía la épica de Homero, al menos hasta ciertos extremos, Hissarlik fue colocada en el mapa.

 

En la construcción del Parador, Lorca ha sido colocada en el mapa de distintos grupos de personas. La noticia de los restos de un palacio taifa confirmaría que Lorca había sido capital de un reino de Taifas, lo que es importante para estudiosos de esa época; sin embargo, técnicos de Cultura negaron en su momento tal extremo, después de que, claro, excavadoras y palas, precisos instrumentos arqueológicos, como sabemos, camparan por sus anchas en la construcción del edificio.

 

El descubrimiento de una sinagoga puso a Lorca en el mapa para que se interesaran por este hallazgo colectivos religiosos judios de todo el mundo. Sin embargo, la construcción del Parador también puso a Lorca ¯a sus responsables políticos, a quienes votaron a favor y a la pasividad, sino beligerancia a favor del Parador de muchos de sus ciudadanos¯ en el mapa del desastre y la barbaridad para aquellas almas que, lejos de ser extremadamente sensibles, consideran que los restos del pasado es mejor estudiarlos y conservarlos que reducirlos a arenisca.

 

Las razones para construir ahí, precisamente ahí, dentro del perímetro de la fortaleza, el Parador de Lorca fueron, sumariamente, que un establecimiento turístico de tal importancia merecía un lugar que, además, la propia empresa de Paradores exigía que fuera ese, con lo que se «ponía en valor» la Alcazaba lorquina; su promoción nacional e internacional redundaría en beneficio de Lorca. Nada que objetar, salvo lo de siempre: Parador sí, pero ahí no. Como acompañamiento a esa música los que defendían la situación del Parador acusaban a los que objetábamos de que nos acordáramos ahora del Castillo, como si no fuera uno de los deberes de las Administraciones Públicas ¯de todas ellas, sin excepción¯ la salvaguarda del Patrimonio, como lo es el Castillo de Lorca. Aunque quizá eso sea, visto lo que se verá, pedir demasiado.

 

Siquiera desde el punto de vista más comercial y mercantilista, la destrucción del Patrimonio que ha supuesto la construcción del Parador en el Castillo supondrá que no se podrá potenciar ese presunto efecto beneficioso de atracción. Una excavación arqueológica, forzada por la presión ciudadana, sacó a la luz restos muy importantes, y la pregunta es: ¿cuanto más se ha destruido sin que lo sepamos? Con la presencia del Parador ¿cuánto más ha quedado ya sin posibilidad de excavar? ¿Hemos perdido la oportunidad de dar un verdadero contenido más profundo, más impactante, más denso y sabroso, al turismo cultural que se ha venido promocionando en estos últimos años en la ciudad? Yo creo que sí, que hemos perdido esa oportunidad, y que este expolio, a diferencia de otros que se pueden visitar en museos lejanos de donde se encontraron las piezas, ni siquiera da la excusa de un mal viaje, porque ha sido destruido o sepultado, y eso es lo que hemos perdido. Todos nosotros.

 

Conviene no llorar por la leche derramada, entre otras cosas porque ya hay actuaciones penales y contencioso administrativas en curso que determinarán, a su debido tiempo las responsabilidades jurídicas de aquellos que tomaron esa decisión. La responsabilidad ética creo que está bastante bien dirimida: quienes votaron esa decisión, la defendieron y la ejecutaron, aunque pensaran que lo hacían por el bien de Lorca no hicieron salvo mal. ¿Negligente?, ¿culpable?, ¿doloso? eso lo dirá la justicia. Sin embargo, hay que ser un ignorante para presumir que un cerro habitado durante tanto tiempo no tenga restos arqueológicos de interés que no merezcan una excavación arqueológica cuidadosa antes de cualquier otra actuación. Vamos, que no hay que ser un Schiliemann.

 

Conviene, digo, no llorar por la leche derramada, pero si conviene no hacer más yogur de hormigón entre adoquines. La próxima renovación de la Plaza de España, justo extramuros de la antigua ciudad, y el Pibal, dentro de la ciudad amurallada, tienen que hacernos ciudadanos exigentes, vigilantes y solícitos en la protección del patrimonio que pudiera quedar bajo tierra; aunque sea por algo tan prosaico como las perras.

 


Enrique Olcina Juliá es miembro de la Asociación para la Defensa del Patrimonio de Lorca.